Leodiversidad

Se acerca Sant Jordi y a veces juro que me dan ganas de aliarme con el dragón para ponerme a quemar libros. Sí, en plan inquisidor (iba a decir nazi, pero desde que Cospedal usa la palabra tan alegremente me da como reparo). Suerte que en seguida se me pasan las ganas y recuerdo que los libros arden mal.

Lo que sí quemaría es la publicidad de algunos de ellos. Ejemplo, la saga de Zafón en los autobuses de Barcelona: “Te emocionarás como la primera vez”. ¿Es una amenaza? No tienen bastante con habernos taladrado con el ángel, la sombra y el viento en tapa dura que ahora tenemos que volvernos a gastar el dinero (y el tiempo) en su edición de bolsillo (¿qué bolsillo, por cierto, el de un elefante?

Luego está el tema de la diversidad. En las semanas precedentes a este Sant Jordi estoy estefaniaobservando en el tren los mismos libros (o al menos los mismos autores): el anteriormente citado Zafón y la intangible Danielle Steel. Con Zafón empiezo a pensar que la gente está leyendo a toda prisa el libro que le regalaron por la Diada el año pasado antes de que le caiga una nueva genialidad. Lo de la Steel es un fenómeno aparte que mezcla la repetición hasta el infinito de las novelas en serie (véase las del oeste de Estefanía) con el morbo (light, muy light) de las sombras del tal Grey, otro que tal baila.

Ante tal panorama a veces tengo la sensación de que la pesadilla del instituto donde teníamos lecturas “obligadas” se repite en edad adulta. Hay que reconocer, sin embargo, que los grandes sellos editoriales nos los envuelven muy bien, como la comida del supermercado.

Siguiendo con esta línea de consumo, ¿conocen el trabajo de Sally Davies? Esta fotógrafa neoyorkina adquirió un Happy Meal en una hamburguesería, se lo llevó a casa y en lugar de comérselo lo plantó en un rincón de su estudio. Día a día (desde hace 3 años) retrata su proceso de degradación con el asombroso resultado  de que éste proceso parece hacerse congelado. A día de hoy las patatas han languidecido, la hamburguesa se ha convertido en una especie de fósil y el pan se ha quebrado. Pero ninguna bacteria se ha atrevido a hincar el diente a semejante menú.

¿Qué tiene que ver esto con la literatura? Bien, digamos que hay lecturas sobre las que no pasa el tiempo… por motivos bien distintos.

Para acabar, si regalamos un libro que ha vendido un millón de ejemplares no nos aseguramos de estar regalando un buen libro. De lo único que puede estar segura la persona que lo recibe es que no hemos perdido ni un minuto en pensar qué libro le gustaría.

Para acabar (esta vez sí, de verdad) con buen sabor de boca, unas sugerencias originales con personalidad propia:

18 contes, de Maurici Capdet (entrevistado aquí)

Cuentitis, de Dídac Rodríguez (próximamente en este blog)

Construcció de la Nit, de Anna Pantinat (entrevistada aquí) (poesía)

Manzanas traigo, de Ángel María Fernández (reseña aquí) (poesía)

Un dios enfrente, de José García Obrero (próximamente en este blog) (poesía)

Feliz dragón de sant Jordi.

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3 Comments

  1. Gràcies pel comentari. Realment veient la manera en que es publicita el dia del llibre a un li venen ganes de cremar-los tots, em ve a la memòria un passatge de Don Quijote, una de les més originals crítiques literàries.

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