Thoreau, una vida sin principios

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Se cumplen 150 años de la muerte de Henry D. Thoreau. En su conmemoración se han reeditado algunos de sus escritos y se ha publicado una biografía en forma de novela gráfica.

Debo reconocer que me aburren un poco las efemérides, pero en este caso me ha venido de perlas para conocer un poco al padre de la desobediencia civil. El mismo en que se inspiró Gandhi o Luther King en su resistencia pasiva contra sus respectivos imperios avallasadores. El mismo, por cierto, en el que beben algunos de los postulados de nuestro más cercano en el tiempo y el espacio, 15 M.

En el primer libro que me ha caído en las manos Juan José Coy hace hincapie en que, pese a la fama de la anécdota de su noche en la cárcel por no pagar impuestos, o la temporada en la cabaña de Walden que le llevó a escribir sus diarios, o incluso por encima del famoso “Desobediencia civil” que tuvo la ya citada repercusión, es el texto “Una vida sin principios” en el que Thoreau deja la impronta de su filosofía. Un discursos de apenas 25 páginas (Thorearu a menudo daba conferencias) que rezuma inteligencia de la primera a la última línea.

Una de sus mayores intransigencias -más incluso que la de pagar impuestos a un estado del que no se siente partícipe- es la que se refiere al trabajo con el objetivo de enriquecerse. Valga una cita. Y vendrán más.

“Yo creo que no hay, ni tan siquiera el crimen, nada más opuesto a la poesía, a la filosofía, a la vida misma, que este incesante trabajar.”

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