Carpe diem

Cada día pregunto a mi hija: ¿Qué has hecho hoy en clase???????????

Y ella me responde invariable: Nada.

Al principio me preocupaba porque no recibía feedback y por tanto desconocía lo que vivía en las horas en que no estaba conmigo. Después, conversando con otros padres en el parque tooodos me confirman que la respuesta Nada es generalizada.

En el fondo es lo mismo que yo respondo cuando mi pareja me pregunta qué he hecho en el trabajo.

Y no es que no haya hecho nada, sino que soy impermeable a lo que sucedió allí, como si al finalizar la jornada fuera otra persona.

Pero entonces, ¿La escuela es  un tiempo vacío para mi hija igual que mi empleo lo es para mí? ¿Acaso no les interesa lo que aprenden?  ¿Cambiará en algo la Ley Wert y mi hija saldrá dando saltos de alegría recitando versos de Cernuda?

Lo dudo.

De hecho, mi hija da saltos de alegría cuando llega a la escuela. La bajo de la bicicleta y corre a clase dejándome atrás mientras yo aparco. Una vez dentro del aula me enseña los últimos dibujos que ha hecho, me canta las canciones que están ensayando… pero las respuestas que le pido sobre la escuela, sobre el comedor o sobre los sueños que haya podido tener la noche anterior… se esconden en algún lugar inalcanzable de su pequeño cerebro.

Entonces pienso que la esencia del Carpe Diem latino se debió acuñar mirando la frenética actividad de un niño. Criaturas que crecen devorando el instante.

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