Leña

???????????????????????????????Primero empezaron las lluvias y el agua se abrió paso en el tejado. Las goteras caían justo al pie de la cama de mi hija. Después apretó el frío y la caldera se bloqueó dejándonos sin calefacción ni agua caliente. Lampistas y paletas tardarían tres días en venir a reparar el desaguisado.

Hasta entonces la chimenea había sido un objeto de decoración. El invierno anterior Elia era demasiado pequeña y temíamos que pudiera quemarse. Ahora, como solución de emergencia, era una alternativa, así que fui a una gasolinera y compré un hatillo de leña que se quemó en apenas dos tardes.

Hablando sobre el tema les pregunto a mis padres de dónde sacaban la leña del pueblo. Del monte, responde mi madre. Y así me entero de que la leñera del pueblo, repleta como un polvorín en tiempos de guerra, la había cortado, recogido y apilado mi abuelo Higinio.

Es cierto que desde su muerte en 1977 la casa solo ha estado habitada en verano, semana santa y durante algún puente ocasional, pero también es cierto que cada verano ha habido un noche o más  en la que hemos encendido la chimenea. Me impresiona, en todo caso, ese legado de leña que ha llegado a calentar hasta cuatro generaciones. Me impresiona el esfuerzo que debió hacer mi abuelo, pero también siento envidia pese a las penalidades de su tiempo. Yo he obtenido un hatillo en apenas cinco minutos y nada de sudor. Él sacó toneladas del bosque en jornadas y jornadas de silencio en el bosque.

Una vez arreglada la calefacción hemos cogido el gustillo de encender el fuego. Elia me lo pide. Le gusta amontonar las ramas pequeñas en piras que arderán. Después se sienta y observa los colores que destila el fuego. Le encanta descubrir los tonos azulados y verdes de las llamas.

El domingo, por fin, hace buen día y vamos hasta Olzinelles a recoger leña. Han desbrozado el bosque. Las cunetas están llenas de restos de encina. Cruzamos un riachuelo, un rebaño de ovejas pasa a nuestro alrededor, pasamos la tarde descubriendo duendes debajo de las setas y regresamos a casa con el maletero lleno de leña.

Al apagar la luz por la noche me acuerdo de mi abuelo y doy gracias porque se estropeara la caldera.

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6 Comments

  1. La vida era más dura, sin duda, pero probablemente el contacto diario con la naturaleza les hacía más sanos y fuertes, tanto física como mentalmente. A cada minuto que nos alejamos de la naturaleza, nos convertimos en un poco más extraterrestres…

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