Afluente de silencio

Alguien dibujó una sonrisa en la arena.
Las olas la devoraban con espuma en la boca.
Era una víctima abandonada a su presa.

En el interior, las nubes hacían carreras mudas.
Abrían las velas y se dejaban llevar
por el viento.
Todos sabíamos que la tierra era redonda
pero al verlas dirigirse hacia el abismo
no podíamos evitar estremecernos.
Pese a su lentitud era la nada la que les esperaba:
Fundirse en la lluvia
caer del otro lado del horizonte
donde nuestros ojos no llegaban.

El ruido aguardaba su momento
a nuestras espaldas.
En ese momento añoré no tener
un ojo en la nuca
y un talle de árbol.
Álamo de ribera, arce, fresno.
Llenarme de trinos y viento.
Detener el paso y sentir la rotación
en la punta más alta de mi copa,
ser afluente de silencio.

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