Maneras de comer la nieve

DSCN0908Los carámbanos eran puñales de hielo. Era invierno en Soria, pero en un pueblo sin golosinas esas estalactitas que caían de los tejadillos eran tentaciones, promesas de azúcar. Los niños las arrancaban y se iban a la escuela con ellos en la mano. En la otra una lata de conservas donde llevaban las brasas de la lumbre para calentarse en clase.

Mi bisabuelo Bartolo prefería la nieve. La tomaba en la mano, la extendía al sol como un triunfo o un homenaje, y la prensaba entre sus dos palmas. Imagino la nieve tomando la forma de sus líneas, el reguero de un arado en la piel, la línea de la vida. Después se las llevaba a la boca, como quién hace sonar una caracola o hace sombras chinas, luz de nieve. Y ella, la nieve, prensada y vuelta a sus orígenes, al agua, descendiendo por un cañón de dedos nudosos, el hueco de la música de esa caracola, la vida en un hálito.

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