Un traslado no se acaba nunca

Un traslado no se acaba nunca. Hay umbrales, sí. Los momentos en que empiezas almacenar cajas de cartón, los que empaquetas la ropa de invierno y tiras aquella camisa que no te volverás a poner jamás. Es un buen momento para hacer limpieza, te dicen los amigos, pero te apremia la fecha límite, siempre demasiado lejana hasta que de repente ya está demasiado cerca, y debes apresurarte a vaciar el piso viejo y entrar en el nuevo.

libros empaquetados¿Conoces el olor a orín de gato? No me jurarás que no es terriblemente parecido al de una habitación llena de cajas de cartón. Cajas que almacenan tu vida. Una amiga se preguntaba hace unas semanas qué hacer con unas cajas que no abres desde hace 3 mudanzas. ¿Tirarlas al mar? Es en esos momentos en que te preguntas cómo has llegado hasta aquí, almacenado tanto trasto inútil. O peor aún: trastos útiles, imprescindibles en el marco de necesidades que nos hemos ido creando a lo largo del camino. Hay un proverbio que dice: la vida es un puente, no construyas una casa encima. Es entonces cuando añoras no haber nacido caracol.

Pero yo venía a hablar aquí de mis libros. No de mi libro, sino de mis libros. Así, en plural. Porque una de las cosas más rematadamente inútiles después de leerlos son los libros. ¿Qué haces con un marca páginas cuando acabas la lectura? Yo los colecciono (otra caja de cosas inútiles). ¿Y con el libro? También, claro. En estantes, en armarios, en altillos… y ese ha sido mi gran dilema al llegar al nuevo piso. ¿Qué hacer con ellos? ¿Dónde colocarlos? Ya os digo que la primera opción fue deshacerme de ellos, pero si estás leyendo esto ya habrás adivinado que no pude. Hice una tentativa, pero solo descarté algún duplicado y alguna bazofia que había entrado en casa por error. Minucias, al fin y al cabo. Pero el grueso, ahí estaban, agonizando empaquetados en el desván, mirándome desde sus lomos apretados, pidiéndome libertad como un preso político. Primero coloqué los libros de Elia. Tiene una buena estantería llena de ellos. Luego otra estantería para mí con los imprescindibles, los que van de ida y vuelta entre las casas de amigos o las bibliotecas públicas. Pero faltaba el resto, los ya leídos o los por leer, aquellos que Margarite Yourcenard califica en sus Memorias de Adriano como “granero para el invierno del espíritu”. No tengo una casa tan grande como para convertir una habitación en biblioteca, así que pensé en aprovechar la parte baja del desván y quería una solución barata y original. Si buscáis “almacenamiento original de libros” en google encontraréis muchas ideas, pero todas suelen ser más chics y caras que prácticas y baratas.

Libros en cajas de fruta

Le daba vueltas a la idea sin hallar solución, casi resignado a ir a IKEA, cuando me topé con la frutería del barrio donde estaban deshaciéndose de las cajas de la frutas. Y de repente lo vi claro. Cajas de madera apiladas. Me llevé 15 en un par o tres de viajes. Las limpié bien y acabé desechando alguna. No son óptimas para los libros pesados o muy grandes, pero estos los coloqué en la parte inferior de las pilas, y las ediciones de bolsillo en la parte superior. Si a alguien le ha gustado la idea después he pensado que las cajas de madera para botellas de vino es una solución mucho más sólida. A medida que mi biblioteca aumente (cosa que limito desde hace tiempo) iré haciendo la prueba. En todo caso ahora tengo mis libros adecuadamente desordenados, y además hacen un pequeño homenaje a mi segundo libro: La fruta del tiempo.

Y aunque un traslado no se acabe nunca, siempre hay umbrales, y uno de ellos es el día en que colocas los libros. Esa cosa inútil una vez que ya los has leído. ¿Pero desecharías a un amigo después de haber sentido sus abrazos?

La Fruta del tiempo
La Fruta del tiempo

 

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4 Comments

  1. MI solucion ha sido siempre llevar los libros a la casa del pueblo, solo que es un poco complicado en caso de querer consultar alguna cosa a 200 kms, pero para los que tenemos casas pequeñas sin trastero es la única alternativa

    1. En casa de mis padres hubo un armario repleto con mis libros hasta que pude hacerme con ellos. Y en la última mudanza se me pasó por la cabeza llevármelos al pueblo, pero afortunadamente al vivir en las afueras pude encontrar un espacio suficiente para mí y asumible para mi bolsillo. En Barcelona me las habría visto y deseado para mantenerlos conmigo…

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