Carta abierta a Esperanza Aguirre

Querida Esperanza,

Leo atónito tu artículo del Mundo. Pides a dos equipos de fútbol que no jueguen la final de la Copa por la previsible pitada durante el himno y los más que asegurados abucheos al Rey. Es más, les pides que no jueguen el campeonato.

Siguiendo la lógica de tu razonamiento se deduce que si en las próximas elecciones no tengo intención de votarte a ti o a tu partido es preferible que me quede en casa, que no participe del sufragio y, por supuesto, que no  me manifieste en contra de cualquier idea o institución que me resulten nocivas y obsoletas. Es decir, que deje las cosas como están, en las manos del poder establecido para facilitar que se perpetúe.

No puedo evitar pensar que este tipo de pensamiento es una huida hacia delante ¿No crees Esperanza que convendría asumir que hay un problema de Estado, que las instituciones y la organización territorial están en tela de juicio y, sobre todo, que hay dos partes de este terruño llamado España que claman la independencia desde hace ya demasiado tiempo? A lo mejor es que la corona desagrada a buena parte de la población bajo la que se sustenta. ¿Te has planteado, por ejemplo, que la Copa se llamara de otra manera? O mejor aún, si tanto te molestan esos pitos y deseas expulsarlos del campeonato, ¿por qué no les expulsas directamente del estado? ¿No será que en el fondo te conviene la existencia de los separatistas para mantener entretenido el patio mientras tu partido y el otro se llenan los bolsillos con las arcas del sacrosanto estado?

Es decir, Esperanza, ¿qué te parece buscar soluciones en lugar de alimentar el odio? Porque tenlo claro, gracias a tu aportación la próxima final de Copa será la que registrará el mayor número de decibelios de la historia, por mucho que TVE se empeñe en bajar el volumen del estadio para que los telespectadores sigan el himno. Lo sabes, y te frotas las manos, ¿no es cierto?

¡Qué gran espectáculo sería si Bilbao y Barça pactaran un encuentro en tablas: 22 jugadores cantando el himno argentino, els Segadors, desde Santuce a Bilbao, Paquito el chocolatero… en fin. Qué grande sería.

Tan grande como rastreras tus palabras, porque tú eres de las que suscitan el odio, ¿sabes? Y los que vivimos para la concordia entre los dos fuegos del dogmatismo y la demagogia, estamos hartos de manifestaciones como la tuya, verdaderos disparaderos de ácido.

Querida Esperanza, perdona mi hipocresía, detrás de esta fórmula de cortesía se esconde mi profundo desprecio. Después de la época gloriosa de Caiga Quien Caiga en que creímos equivocadamente que eras simplemente estúpida, hemos sido testigos de tu verdadero crecimiento como animal político, depredadora a la que respetan y temen en su propio partido.

Despreciable señora Aguirre, es usted la antisistema y lo que de verdad me preocupa es que todavía haya gente que la vote como hay gente que sigue a Belén Esteban.

Le confieso que a veces rezo por las noches. Son versos satánicos donde pido que sí, que haya un dios, porque pienso que así se enfrentará por fin a un juicio implacable y a una condena eterna.

Señora Aguirre, váyase al infierno.

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3 Comments

  1. Temblando estamos por nosotros y por nuestros bolsillos, ante la posibilidad de que esta replicante pueda “ocupar” la alcaldía. Salpicada de tanta mierda corrupta que ha crecido a sus faldas, en cualquier lugar del mundo civilizado esta tiparraca estaría más que retirada de la escena pública.

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