Wanderlust

Hacer fotografías del paisaje que hemos transitado es algo así como seleccionar citas de libro que leemos. Insuficiente, sin duda, para aprehender la inmensidad del paisaje, la evocación de la lectura. Y sin embargo no podemos evitar detenernos y contemplar el horizonte como la línea con la que subrayamos nuestros pensamientos. Una baliza con la que señalarnos su belleza.

Aquí una muestra de “Wanderlust: una historia del caminar”

“Lo ideal sería caminar en un estado en el cual la mente, el cuerpo y el mundo están pasosalineados, como si fueran tres personajes  que por fin logran mantener una conversación, tres notas que de pronto alcanzan un acorde. Caminar nos permite estar en nuestro cuerpo y en el mundo sin que ni uno ni otro nos apremie a nada. Nos deja libres para pensar sin perdernos del todo en nuestros pensamientos.”

“Caminar en sí mismo es el acto voluntario más parecido a los ritmos involuntarios del cuerpo, a la respiración y al latido del corazón. Caminar supone un sutil equilibrio entre trabajo y ocio, entre ser y hacer. Se trata de una actividad corporal que no produce nada más que pensamientos, experiencias, llegadas.”

“En una cultura orientada a la producción, se suele creer que pensar es no hacer nada y no es fácil no hacer nada. Se puede lograr disfrazándolo como hacer algo y ese algo más parecido a hacer nada es el caminar.”

“Una línea activa de paseo moviéndose libre, sin meta. Un pasear por pasear” (Paul Klee, Alegorizando el dibujo)

“El caminar humano es una actividad única durante la cual el cuerpo, paso a paso, se balancea al borde de la catástrofe […] El modo bipedal de caminar del hombre parece potencialmente catastrófico porque solo el avance rítmico de una pierna y luego la otra evita que caiga de bruces.”  (John Napier)

“Se suele considerar que aquello que distingue al ser humano del resto de animales es la DSC_0032conciencia, pero el cuerpo humano también es distinto a cualquier otra cosa que haya habido jamás sobre la tierra […] En el reino humano no hay nada parecido a esa columna de carne y hueso que siempre parece en peligro de venirse bajo. Las pocas especies realmente bipedales –aves, canguros- tienen colas y otros rasgos que les permiten alcanzar el equilibrio y, además, la mayor parte de esas especies andan más a saltos que caminando.”

[las sombras, en el desierto de Mojave]
“Caminar es la manera en que el cuerpo se mide en relación con la tierra. Imagínense el lecho del lago como un plano geométrico puro que nuestros pasos medían como las patas de un compás girando de acá para allá. Las mediciones registraban que la tierra era inmensa y nosotros no. […] Esa tarde hasta las grietas abiertas en el suelo arrojaban largas y agudas sombras y otra sombra como un rascacielos se estiraba desde la furgoneta de Pat. Nuestras sombras se movían junto a nosotros por la derecha, volviéndose cada vez más largas, más largas de lo que jamás las había visto en mi vida. Le pregunté cuán largas pensaba que eran y me pidió que me quedara él mientras él la recorría. Miré mi sombra hacia el este, hacia la montaña más cercana donde convergían todas las sombras, y él empezó a caminar.
Me quedé, mi sombra como un largo camino recorrido por Pat. Más que alejarse parecía volverse más cada vez más pequeño en ese aire traslucido. Cuando pude enmarcarlo en la pinza formada entre mis dedos y mi pulgar y su propia sombra casi tocaba las montañas, había alcanzado la sombra de mi cabeza, pero al llegar a ella, el sol se hundió de pronto en el horizonte. Y entonces el mundo cambió: la planicie perdió su dorado, las montañas se colorearon de un azul más profundo y nuestras sombras se volvieron borrosas. Le grité para que parara en la ahora vaga sombra de mi cabeza y, cuando yo misma había recorrido la distancia que había entre nosotros, me dijo que había dado unos cien pasos, pero mi sombra se había vuelto cada vez más difusa al andar. Caminamos de vuelta a la furgoneta ya anocheciendo, el experimento había terminado, pero ¿dónde había empezado?”

[los laberintos]
“…aquella tarde comprendí la moral de los laberintos: a veces sientes estar lejísimos a huellapesar de estar ya cerca, a veces el único camino es el más largo. Después de caminar atenta a mis pasos, la serenidad de la llegada fue profundamente emotiva. Impresionante saber que en el laberinto las metáforas y los significados podían ser expresados espacialmente. Que cuando estás más lejos de tu destino sea justo cuando inesperadamente llegas a él es una verdad repetida hasta el exceso, pero tremendamente profunda de alcanzar con tus pies.”

[alcanzar la cumbre]
“Las montañas como los laberintos y otras construcciones, funcionan como espacio metafórico y simbólico. No hay equivalente geográfico más claro de la idea de llegada y triunfo que la cumbre más alta, más allá de la cual no es posible llegar. Edward Whymper comentó al alcanzar la cumbre del monte Cervino: “No hay nada que mirar hacia arriba, todo está allá abajo”, es una elocuente mezcla de lenguaje literal y figurativo. “El hombre que está allí está de algún modo en la posición de uno que ha logrado todo lo que desea, no tiene nada más a lo que aspirar.” Aunque en la cadena montañosa del Himalaya muchos peregrinos circunvalan las montañas, por creer que sería sacrílego pararse en la cima de alguna de sus montañas.”

[montañas y mandalas]
“En Japón, las montañas han sido imaginadas como los centros de vastos mandalas esparciéndose por el paisaje como, en palabras de un erudito, “flores superpuestas”, y acercarse al centro del mandala significa acercarse a la fuente del poder espiritual, aunque ese acercamiento puede ser indirecto. En un laberinto se puede estar lo más lejos del destino cuando más cerca se está; la montaña misma cambia de forma una y otra vez a medida que se va ascendiendo.”

[peregrinación]
“La expresión china para irse en una peregrinación, ch’ao-shan chin-hsiang, significa “pesentarle sus respetos a la montaña”, como si la montaña fuera una emperatriz o un antepasado ante el cual uno debiera arrodillarse (Gretel Ehrlich)”

[sobre la propiedad privada de los campos]
Si caminar zurce el terreno que la propiedad ha rasgado, violarla (la propiedad privada) constituye toda una declaración política.
“La raíz del conflicto es la manera de concebir e imaginar el paisaje. Imaginen el campo como un cuerpo enorme. Como si se tratara de un reparto de vísceras o el despiece de una vaca, los propietarios dividen el paisaje en unidades económicas y esa división supone una manera de organizar el paisaje productor de alimentos pero no explica por qué los páramos, las montañas y los bosques debieran ser igualmente cercados y divididos. El caminar no atiende a las lindes que despiezan la tierra sino a los DSC_0101senderos que funcionan como una especie de sistema circulatorio que abastece a todo el organismo. En ese sentido caminar es la antítesis del poseer. Caminar postula una experiencia de movimiento solidario o compartido del territorio del que se regresa con las manos vacías. Los nómadas han solido ser molestos para el nacionalismo, porque su deambular borra y perfora las fronteras que definen las naciones; caminar hace lo mismo a la escala menor de la propiedad privada.”

[de la experiencia del caminar en la ciudad vs. en el campo]
“La historia del caminar tanto rural como urbano es una historia de la libertad y de la definición del placer, pero el caminar rural siempre ha encontrado un imperativo moral en el amor por la naturaleza que le ha permitido defender y abrir la campiña. El caminar urbano ha sido siempre tan oscuro que fácilmente ha derivado en prostitución, ligoteo, paseo, compras, desórdenes, manifestaciones, fisgoneos y otras actividades que, aunque placenteras, difícilmente alcanzan la altura moral del gusto por la naturaleza, razón por la que no se ha montado una defensa similar para la preservación del espacio urbano más que la indicada por unos pocos libertarios civiles y teóricos urbanos que rara vez mencionan que el espacio público se usa y ocupa sobre todo caminando. Sin embargo, el caminar urbano se parece mucho más a la caza y la recolección primordiales que el caminar por el campo. Para la mayoría de nosotros, el campo o la naturaleza salvaje es un lugar que atravesamos caminando y admiramos, donde rara vez hacemos cosas o tomamos cosas de él. En la ciudad, el espectro biológico ha sido reducido a lo humano y un par de especies carroñeras, pero la variedad de actividades es muy amplia. Así como un recolector puede detenerse para fijarse en un árbol cuyos frutos serán abundantes dentro de seis meses o echar un vistazo a una mimbrera con cuyas varas podrá hacer cestas, un caminante urbano puede fijarse en una tienda de comestibles que cierra tarde o en el taller de un zapatero remendón o desviarse hacia la oficina postal más cercana. El caminante rural suele ver un plano general –la vista, la belleza […]. El urbanita anda en busca de particularidades, oportunidades, individuos y ofertas, los cambios abruptos. La ciudad puede asemejarse a la vida primordial mucho más que el campo, pero de modos menos encantadores: […] la posibilidad de predadores humanos mantiene a los habitantes de la ciudad en un estado de alerta exacerbada, al menos así en algunos tiempos y lugares.”

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