El que responde

Cuanto más padre soy, más niño me entiendo.

A ver cómo desarrollo esto…

Intento educar a mi hija en la consecuencia de los actos y lo estéril de la queja. Como adulto, sin embargo, veo que el beneficio inmediato y el lamento perpetuo son el estribillo más entonado.

Personalmente adoro el placer como lo entendía Epicuro, en la medida que no me cause daño ni a mí ni a terceros. Me niego al exceso que inevitablemente causaría un perjuicio.

Es tentadora la huida hacia delante, desordenar los juguetes sin guardarlos después en la caja, deforestar los bosques sin plantar nuevos árboles. Consumir sin freno, hasta el hartazgo.

Pero un niño no huye, avanza. Somos nosotros los que le debemos indicar la dirección, las pausas en la carrera para que llegue con garantías a la meta.

Pero más bien parece que seamos los adultos los que estamos empeñados en perpetuar el mecanismo.

No reniego de sentirme niño a los 40 años. Al contrario. Pero si matamos al padre estamos abocados a parirlo de nuevo en nuestro vientre. El niño que llevamos dentro debería estar tutelado por el adulto. Darle una vuelta de tuerca a los cuentos infantiles, hacer un hogar en nuestra conciencia para que convivan la hormiga  y la cigarra.

En resumen, ser responsable, el que responde.

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