“Claros del Bosque”, de María Zambrano

El delirio

“Brota el delirio al parecer sin límites, no sólo del corazón humano, sino de la vida
toda y se aparece todavía con mayor presencia en el despertar de la tierra en primavera, y paradigmáticamente en plantas como la yedra, hermana de la llama, sucesivas madres que Dionysos necesitó para su nacimiento siempre incompleto, inacabable.”

El silencio

“El silencio revela al corazón en su ser […]. La mayor prueba de la calidad de este silencio revelador es el modo en que el tiempo pasa: sin sentir, sin hacerse sentir como tiempo sucesivo ni como atemporalidad que aprisiona, sino como un tiempo que se consume sin dejar residuo, sin producir pasado; como aleteando sin escaparse de sí mismo, sin amenaza, sin señalar tan siquiera la llegada del presente, ni menos todavía dirigirse a un futuro. Un tiempo sin tránsito.”maria-zambrano--575x323

Lo escrito

“Y así, por ejemplo, las piedras, aun en círculo prodigiosamente erguidas y acordadas, no son historia. No hay historia sin palabra, sin palabra escrita, sin palabra entonada o cantada. […] ¿Y aquella piedra tan igual a las otras, no podría ser ella, ser la que canta? Pues que en las piedras ha de estar el canto perdido. ¿Y no podrían ser aquéllas, estas piedras, cada una o todas, algo así como letras? Fantasmas, seres en suma que permanecen quizá condenados, quizá solamente mudos en espera de que les llegue la hora de tomar figura y voz. Porque estas piedras no escritas al parecer, que nadie sabe, en definitiva, si lo están por el aire, por el alba, por las estrellas, están emparentadas con las palabras que en medio de la historia escrita aparecen y se borran, se van y vuelven por muy bien escritas que estén […]. Las palabras de verdad y en verdad no se quedan sin más, se encienden y se apagan, se hacen polvo y luego aparecen intactas: revelación, poesía, metafísica, o ellas simplemente, ellas. «Letras de luz, misterios encendidos», canta de las estrellas Francisco de Quevedo.”

Signos, señales

“Centellean en la noche del ser, a través de la claridad de la conciencia que no la disipa, ZAMBRANO CLAROS BOSQUEsignos, signos del reino de la matemática, y figuras también de otros reinos, del reino de lo sacro o que a serio tiende, principalmente. Llaman, amenazando convertirse en obsesiones, a ser descifrados; se imponen como estaciones a recorrer, como pasos que hay que dar fuera o más allá del camino de aquel que se lo haya trazado de antemano, con su sola, escuálida razón.

Signos, figuras parecen así ser como gérmenes de una razón que se esconde para dar señales de vida […] Razón fecundante. Semillas, pues.

Y así hay que sorprenderse a sí mismo del signo natural: la figura impresa en las alas de una mariposa, en la hoja de una planta, en el caparazón de un insecto y aun en la piel de ese algo que se arrastra entre todos los seres de la vida […]. Se nos aparecen como figuras y signos impresos desde muy lejos, y desde muy próximo; signos del universo.”

Los cielos

“No hay infierno que no sea la entraña de algún cielo.”

“¿Puede el amor abandonar su condición carnal?”

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