Senda a los adentros

Los buenos libros comienzan con una buena historia. Es decir, comienzan con una historia fuera del papel. En 2016 fui a hacer un retiro de meditación en la montaña. Me acompañaban mis pinceles y acuarelas y un libro, Senda de Oku, que es la experiencia del poeta Matsúo Basho en su caminar. Lo curioso de mi estancia en el albergue es que en mi habitación había una pequeña estantería con libros, y uno de ellos era: Maruyme: senda a los adentros, el diario de viaje que llevó un discípulo del mismo Basho y que siguió a su maestro a unas jornadas de distancia. La casualidad, claro, hizo que comenzara su lectura, pero como tenía el original del maestro y me considero buen buscador de libros, dejé a Maruyme en su lugar del estante, aunque os aseguro que me tentó la idea de llevármelo con la firme promesa de regresar al albergue y devolverlo una vez leído.

El caso es que el libro no es tan fácil de encontrar y tardé dos años en dar con él, justo cuando volví a la misma montaña y al mismo albergue. Ahora, después de su lectura, os dejo unas breves pinceladas de sus páginas.

Un apunte: la traducción de Manuel Serrat Crespo es excelente, así como su introducción, aunque yo recomiendo que se lea después de haber concluido el libro 😉

-El silencio-
“He tenido la certeza de que el silencio solo es posible si lo moldea algún rumor, el lejano eco del aullido de un perro, o el tranquilo susurro de la brisa que acaricia las aguas.”

-La luna de las lluvias (Ugetsu)-
“La luna que aparece inmediatamente después de que ha llovido y propicia hechos sobrenaturales.”

-Con el lector del cielo-
“Me senté a su lado, en el ribazo, y supe así que había aprendido los signos que los pájaros inscriben con sus revoloteos, como si cada uno de ellos fuera el extremo de un pincel al servicio de una mano sapiente.”

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Sabiduría
la de esta golondrina
volando en círculo

Abiertos los ojos
rastrillando las nubes.
Jardín de arena.

Cruzan el cielo
retazos de memoria.
Las golondrinas.

Ese temblor
que ilumina la brisa.
La mariposa.

-La desnuda poesía-
“Sólo en la poesía hay vida, y es impenetrable. Tal vez algún día incluso el verso estaría de más y todo en mí exija un único rito: la poesía del gesto, la trascendencia del acto.”

-El olor de los cuerpos-
“Los pueblos que moran el norte ni siquiera tienen una palabra para el amor, emplean la expresión me gusta como hueles cuando alguien quiere decir te amo. […] Y acercándome a la nariz, he besado en mi mano el aroma de la mujer.”

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