Ikkyû, sexo y zen

Vuelvo a escribir después de un año. Y el detonante de este nuevo ciclo es un libro. Bueno, tres libros, los tres alrededor de la figura de Ikkyû, un monje zen del Japón medieval.

El primero en caerme a las manos fue “El sexo zen”, una joya que me llegó a través de mi compañera en un ejemplar fotocopiado, ya que su edición en castellano está agotada. el sexo zenLejos de ser un manual sobre sexología con aromas a incienso o un Kamasutra occidentalizado con dosis de pilates, Philip Toshio Sudo presenta el sexo como algo sagrado en tanto germen de la vida (algo muy acorde con la mirada tántrica). En cuanto al zen, Philip nos acerca a su aspecto filosófico despojándolo de cualquier doctrina religiosa y dogmática. El libro está estructurado en breves capítulos que invitan a una lectura pausada, lúdica y reflexiva. Cada uno de ellos se cierra con una invitación que te interpela como un koan sobre tu manera de vivir el sexo en el ámbito que se acaba de tratar (la sorpresa, la voz, los olores, los límites…).

Al lenguaje claro y poético de Philip se le suman fragmentos de los poemas del mencionado Ikkyû, monje y poeta que después de llevar una vida monástica y ascética rompió con las estructuras religiosas de la época por considerarlas hipócritas.

Leyendo “El sexo zen” poco más se sabe de la vida de Ikkyû, pero a través de la poesía que ilustra el libro de Philip es inevitable sentir curiosidad: ¿Un monje que se abandona al saké? ¿Que regenta prostíbulos y loa los placeres del sexo?

Al fin y al cabo nuestra curia pedófila, hedonista y bañada en oro no se diferencia en mucho, la diferencia es que Ikkyû no oculta sus pecados, sino que hace bandera de ellos y los reivindica como vía de iluminación, y en cualquier caso nunca adopta una vida de lujos, sino que aprecia los placeres de la vida desde una actitud de lo más asceta y coherente.

zen hilo rojoLlegados a este punto me parecía inevitable seguir ahondando en su vida y obra, y para ambas hay dos libros de delicada factura: “Zen, hijo rojo” es una recopilación de sus mejores poemas y acuarelas con un estudio crítico donde se contextualiza la vida y obra de Ikkyû , y el 2º, mucho más ligero pero no menos interesante, un manga de Sakaguchi de nada menos que 4 volúmenes donde se narra su vida desde su nacimiento hasta el momento de su muerte. El manga, además de una obra de arte gráfica, trenza la vida personal de Ikkyû con los graves acontecimientos históricos que le tocó vivir (durante la Guerra de Ōnin hubo períodos de hambrunas debidos en parte a la propia guerra, pero también a una serie de desastres naturales, todo ello ocasionó revueltas populares y un gran caos). El manga retrata también el carácter político de los templos y su estrecha relación con el dinero y por tanto con el poder. mangaSu rol como prestamistas usureros, su flagrante separación con el pueblo, la hipocresía de sus credos respecto a sus acciones… actitudes que llevaron a Ikkyû a dejar el primero de los monasterios donde ingresó de niño para acercarse a maestros que vivían en la más completa austeridad. Los 4 volúmenes trazan el camino de transformación de Ikkyû desde que es un niño espabilado y cabezota que solo piensa en jugar, hasta llegar a ser un monje honesto que lucha internamente por comprender la razón de ser, hasta convertirse en un hombre maduro y más tarde en un anciano que también solo piensa en jugar como razón de ser.

CODA

Curiosamente Ikkyû significa ‘una pausa’, y fue el sobrenombre que le puso su maestro Kaso en uno de los momentos de su formación. Una pausa de aproximadamente un año he estado sin tocar este blog y también apenas sin escribir en mis libretas. Este ‘silencio’ responde a varias razones: por un lado quedé vaciado de los últimos años en los que coincidieron la publicación de varios libros, pero por otro también ha habido una crisis existencial. Mi acercamiento en los últimos tiempos al budismo, a la poesía y a la naturaleza llegaron recientemente a una especie de colapso. La premisa budista del desapego se inoculó en mi mirada hasta tal punto que la ausencia de deseo para desterrar el sufrimiento me llevó a la otra cara de la moneda. Y una suerte de nihilismo, como el extremo opuesto a la ataraxia, empapó mis venas de abulia y desasosiego. Todo lo que había leído y aprendido de meditación, de zen o sufismo estaba muy bien… para ser un monje, o un liquen, pero de alguna manera me incapacitaban para ser quien soy: padre, amante, persona.

La espiritualidad mundana de Ikkyû, su capacidad para ver la belleza y la grandeza de la vida también en los placeres (y displaceres) de la existencia, ha abierto una nueva perspectiva. En el fondo no es nada nuevo. En toda obra de arte se repiten conceptos desde la noche de los tiempos, es la forma, su nueva disposición la que nos sorprende haciéndonos vivir una idea que ya estaba en nosotros en estado latente. Ahora se trata de seguir regando esa idea para que no deje de florecer.

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4 Comments

  1. Un placer volver a leerte, y más si nos traes al viejo y entrañable Ikkyû. Vaya, espero que esa especie de crisis o colapso nihilista haya quedado atrás! Te queremos ver de nuevo emborronando libretas.

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