Wey-Wu-Wey y el arte de procrastrinar

Leo el Tao Che Ching de Lao Tse en su edición de Onorio Ferrero:

“En verdad, es muy difícil par aun hombre occidental moderno entender una doctrina de la acción como aquella de Wey-Wu-Wey (hacer no haciendo) y que muchos han interpretado como quietismo o pasividad. La idea taoísta es la de un retorno a la acción espontánea, como la del niño que juega únicamente por jugar, como la del viento que mueve los árboles, como la del riachuelo que corre.”

Y me viene a la cabeza una charla que tuve hace unos días con un grupo de amigos sobre la prorcastinación, ya sabéis, esa capacidad tan humana de relegar las cosas importantes para otro momento. Buscar excusas, dilatar en el tiempo la toma de decisiones.

Y no, no creo que estemos sumidos en una idea taoísta, al contrario. Entiendo que el Wey-Wu-Wey (hacer no haciendo) es lo opuesto a la procrastinación, es decir: dejar de hacer, haciendo cosas.

El poema de Lao Tse que encuentro más adelante habla de la función de las cosas vs las cosas en sí mismas y creo que tiene mucho que ver con el Wey-Wu-Wey, con el juego, con el dejarse fluir:

Treinta radios convergen en el buje de una rueda
y es el espacio vació lo que permite al carro cumplir su función.
Modelando el barro se hacen los recipientes,
y es su espacio vacío lo que los hace útiles.
Puertas y ventanas se abren en las paredes de una casa,
y es el espacio vacío lo que permite que la casa pueda ser habitada.
Lo que existe sirve para ser poseído.
Lo que no existe sirve para cumplir una función.

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