20 años

Vengo de leer estos dos comics y todavía no sé cómo describir mi desasosiego.

El primer álbum “Nunca tendremos 20 años” describe el período negro que se abrió en España en julio de 1936 y acaba con Franco todavía vivo. Trata de las vicisitudes de una pareja fiel a la República, de cómo lograron escapar con vida de Melilla, de cómo llegaron a Barcelona, del paso por el frente del marido, de la represión franquista tras la derrota, del hambre, de cómo sobrevivieron bajo un manto de miedo y tristeza.

El segundo álbum lo protagoniza la generación posterior. Los hijos y, finalmente, los nietos. Comienza con la buena noticia de la muerte del dictador, pero le sucede la transición de mentira, los ministros de Franco presentándose como valedores de la democracia, el engaño de la OTAN por Felipe González, el aceite de colza… Pero, sobre todo, y en eso es dónde más me he sentido interpelado, la atmósfera suburbial entorno a Barcelona: la presencia de la heroína, el descubrimiento del heavy como música y como refugio, los conciertos, la amenaza de la “mili”, el dar tumbos en la vida luchando por tus sueños.

El segundo álbum va más allá: pasa por sobre la crisis de 2008 y llega hasta nuestros días. Para mi gusto faltaría un tercer álbum que no pasara tan rápido por encima del engaño del Euro, la crisis inmobiliaria, el rescate de los bancos y la precariedad laboral in crescendo, pero no voy a sacarle pegas. Está más que bien.

Y sin embargo me ha dejado con mal cuerpo. El hilo que traza el autor va desde la sublevación de la España fascista hasta nuestros días, no me descubre nada nuevo. Re escuchando mi vieja música con mi hija (La Polla Récords, Barricada, Rosendo…) me doy cuenta de que las cosas no han cambiado tanto. Y si lo han hecho, desde el punto de vista social y económico me parece que nos han estafado. No tanto en legislaciones (ley mordaza, vivienda, reformas laborales, tribunal constitucional, etc…), sino en la alienación del personal. El gran triunfo del capitalismo ha sido emanciparnos. Ahora somos libres de elegir nuestra app, de comprar un trocito de metaverso y consumir a cualquier hora. Emanciparnos de lo social, desentendernos y hacernos con un seguro de medicina privada y escuela concertada para nuestros hijos. Desertar de lo social. De las reivindicaciones y logros que se alcanzaron con sudor y esfuerzo. Y para más inri los hijos y nietos de los sublevados se han mantenido con sus cotas de poder y riqueza cada vez con menos vergüenza de mostrar sus antecedentes fascistas.

Asco. Eso es lo que he sentido. Una mezcla de rabia y tristeza, y la sensación, sí, de que estas obras son necesarias, porque la historia no la escriben los vencedores, sino los que alzan su voz para que sea escuchada.

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