La bofetada

Siento una gran empatía por Will Smith. No tanto por la bofetada, sino por la metedura de pata. Conservo una gran colección de recuerdos en los que mi respuesta fue inapropiada. Son recuerdos que me persiguen en las noches de insomnio, que me atormentan por no haber dado la respuesta adecuada ante un abuso. Me repito la escena una y otra vez y todo es como en las películas: tengo las palabras, el tono, el temple. Mi interlocutor se queda pasmado y mi orgullo restablecido. Pero todos sabemos que no es así. Eso solo pasa en Hollywood, y al parecer, ni eso.

Con el tiempo, sin embargo, he sabido que esas respuestas frustradas no se perdieron del todo en el olvido. Equivocarse es el mejor método de aprendizaje si uno no mira a otro lado.

Will Smith tuvo hoy la ocasión de mostrar una masculinidad que dejase de lado la testosterona a favor de emplear una inteligencia emocional que nos debemos los hombres a nosotros mismos con años, ¡eras!, de retraso. A nosotros y a vosotras. Pero me niego a pensar que sea una oportunidad perdida, pues el debate que está generando puede llevarnos a ver cosas que antes nos negábamos.

Y como en mis noches de insomnio, empatizando con el actor, he imaginado la respuesta que daría en su discurso al ganar el Oscar. Al fin y al cabo, estamos en Hollywood, y Hollywood es el paraíso de la ficción ¿no?

“Gracias. Me siento muy feliz por haber ganado este Oscar. Por dos motivos: uno, el primero, por el galardón en sí mismo; y el segundo, por tener la oportunidad de hablar públicamente después de la broma de Chris Rock. Debo reconocer que película por la que recibo el premio no ha sido la mejor actuación de mi vida. Sin lugar a dudas el papel más difícil que he llevado a cabo en mi carrera ha sido hace unos minutos: mi instinto me reclamaba que me levantara y te cruzara la cara con una bofetada, Chris. He tenido que hacer un gran esfuerzo de contención, doblegar la inercia de años en que el hombre, víctima del mismo patriarcado con el que intimida a la mujer, hubiera respondido con violencia física y verbal ante semejante broma de mal gusto. Habría caído en el rol que las películas de este mismo Hollywood propagan. Ha sido duro escuchar tus palabras y quedarme quieto con la boca seca y la sangre latiendo en mis venas, pero ha valido la pena. Ahora me llevo el premio y siento más que nunca que lo merezco. Jada, amor mío, va por ti. Te quiero.»

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