Pornografía: si tienes un arma es para dispararla

Decía Chejov que si en un relato aparecía un revólver, debía ser disparado. En mi casa del pueblo, allá en Soria, no había revólver, pero sí una escopeta de dos caños que mi tío utilizaba para salir de caza. En aquellos tiempos de niñez insensata no me planteaba la ética de semejante práctica. Ni siquiera el aspecto “gore” de las liebres que traía del monte, impedían que me las comiese en el estofado. La de mi tío no era un arma decorativa para poner sobre la chimenea. Se usaba. Y así la máxima de Chejov se incorporaba al relato familiar.

El relato de los USA tiene violencia desde el minuto 0. Nada nuevo bajo el sol. Al fin y al cabo los imperios no se nutren de ética, sino de épica; y la paz no es su vehículo, lo es la guerra. Lo atípico de los USA es que, una vez ya constituidos como país, perpetuaran con la famosa segunda enmienda el derecho a matar bajo el paraguas de la autodefensa.

En su relato de nación hay armas, y siguiendo la máxima de Chejov, las armas están para ser disparadas. De ahí a la enésima matanza en un instituto solo hay un salto. El de la ficción a la realidad. Como la locura de Cervantes o Bovary, pero de carne y hueso y emulando a asesinos.

Me van a permitir dar otro salto: el de las armas a la pornografía.

No sé qué opinarán ustedes, pero la reiteración de violaciones en grupo que se están dando en los últimos años en nuestro país (la manada, etc) a mí me pone los pelos de punta. A eso hay que sumarle la lentitud o incluso pasividad con la que actúa la justicia, y los paños calientes que determinados sectores y grupos políticos ponen sobre estas cuestiones. Porque la violación es la cúspide, no lo olvidemos, la punta del iceberg de todas las vejaciones, abusos y agresiones que sufren las mujeres.

Es un hecho que la mayoría de menores no reciben educación sexual de ningún tipo, y que su primer contacto con el sexo es a través de la pornografía. Es decir, construyen el relato de lo que es el sexo a través de vídeos que se pueden consultar libremente en internet. Vídeos donde el 90% de veces la mujer es un objeto que sirve, no solo para satisfacer al hombre, sino para ser humillada. Con este relato no es de extrañar que jóvenes consideren “natural” violar a una mujer. Lo han visto docenas de veces en sus pantallas.

Va siendo hora de cambiar el relato. Y que la pistola del cuento de Chejov dispare justicia contra los agresores. 

Este artículo viene a colación del escrito por Laura Freixas en la Vanguardia el 7 de junio: La Batalla del porno, de lectura recomendada.

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